Por qué los mercados privados se están convirtiendo en una asignación esencial
- jcarvallo4
- 1 ago
- 9 min de lectura
El universo de oportunidades que los mercados públicos ya no capturan, la prima de iliquidez, el auge del private credit… y los riesgos que no se pueden ignorar

En las últimas dos décadas, la estructura de los mercados de capitales cambió de forma profunda. Cada vez más empresas se mantienen privadas por más tiempo, los bancos se retiraron de gran parte del financiamiento a empresas medianas y los inversores institucionales aumentaron de manera sostenida su exposición a activos privados.
Hoy, gestoras como BlackRock, Apollo, Morgan Stanley, J.P. Morgan y Partners Group coinciden en un mensaje: los mercados privados ya no son un "satélite" de la cartera, sino una asignación cada vez más central.
Lo que sigue son los argumentos principales respaldados por datos, la evidencia más reciente sobre por qué el régimen de retornos cambió, y una revisión honesta de los riesgos, porque no todo es color de rosa.
1. El universo de oportunidades se desplazó hacia lo privado
Uno de los datos más reveladores viene de BlackRock: el 81% de las empresas estadounidenses con ingresos superiores a US$100 millones son privadas. La misma casa señala que, desde 1980, el número de empresas privadas en EE. UU. creció un 29% mientras el de empresas cotizadas cayó un 32%.
Esto implica que gran parte de la creación de valor empresarial —especialmente en tecnología, salud, industria y servicios— ocurre fuera de las bolsas. El inversor que se limita a mercados cotizados está dejando fuera la mayor parte del universo de empresas de tamaño relevante.
A esto se suma un problema de concentración en el lado público: según BlackRock, los 20 nombres más grandes representan más del 30% de la capitalización bursátil global en 2024, frente a menos del 14% en 2015. Es decir, el mercado público no solo se achicó en número de emisores, sino que se volvió considerablemente más concentrado.
2. La prima de iliquidez (illiquidity premium)
El argumento más clásico —y aún vigente— es que aceptar menor liquidez y horizontes más largos ha sido históricamente compensado con retornos superiores.
En private credit, el dato es medible: según T. Rowe Price, desde 2019 los spreads de nueva emisión en crédito privado han sido entre 150 y 340 puntos básicos superiores a los de los préstamos sindicados comparables (BSL), y esa prima persistió con tasas base oscilando entre 0% y 5,3%. No fue un fenómeno de un solo régimen de tasas.
Esa prima se compone de dos elementos que conviene no confundir:
Compensación por iliquidez — el capital no se puede mover.
Compensación por complejidad — estructuración, covenants, y relación directa con el prestatario.
La segunda es la que un buen gestor puede capturar mejor que otro. La primera la cobra cualquiera que esté dispuesto a inmovilizar capital.
3. Diversificación real y menor correlación
A diferencia de lo que ocurre con muchas acciones y bonos públicos —cada vez más correlacionados entre sí—, los mercados privados ofrecen una fuente de retorno con menor correlación al mercado cotizado.
Partners Group y J.P. Morgan enfatizan que las valoraciones privadas tienden a reflejar más los fundamentales del negocio (flujo de caja, márgenes, crecimiento) y menos el ruido de corto plazo. Conviene ser preciso aquí: parte de esa menor volatilidad es real y parte es contable, porque las valoraciones no son diarias. Volveremos a este punto en la sección de riesgos.
4. El auge estructural del private credit
El crédito privado ha sido el segmento de mayor crecimiento dentro de los mercados privados. Las cifras varían según la definición que use cada fuente, y vale la pena entender por qué:
Fuente | Tamaño estimado | Definición / fecha |
Financial Stability Board | US$1,5–2,0 billones | Foco en direct lending, cierre 2024 |
BlackRock (Private Markets Outlook 2026) | US$1,9 billones | Ecosistema de private credit |
Morgan Stanley | US$3 billones | Definición amplia, inicio de 2025 |
Morgan Stanley (proyección) | ~US$5 billones | Estimado a 2029 |
(Se usa "billón" en su acepción española: un millón de millones, equivalente al trillion anglosajón.)
El motor estructural es claro: la participación de bancos en el mercado de préstamos apalancados cayó de forma dramática y los prestamistas no bancarios pasaron de un 28% de cuota en 1994 a un 86% en 2023, según BlackRock. No es una moda de producto; es una reasignación de quién financia a la economía real.
BlackRock, en su Private Markets Outlook 2026, describe además un cambio de fondo que llama "el nuevo continuo": la frontera entre público y privado se vuelve menos rígida a medida que mejora la transparencia de datos y proliferan las estructuras semilíquidas (evergreen, ELTIF, LTAF, modelos de cartera).
5. Creación de valor activa
A diferencia de la inversión indexada, los gestores de private equity y private credit pueden influir directamente en las compañías: mejoras operativas, optimización de la estructura de capital, gobernanza más estrecha y disciplina de originación. Brown Brothers Harriman y Partners Group destacan esta capacidad como el diferencial más importante frente a los mercados públicos.
Y como veremos ahora, esta es exactamente la variable que más importa en el entorno actual.
6. El régimen cambió: las seis consideraciones de Apollo
En junio de 2026, Apollo publicó un documento breve pero contundente —Private Equity: Six Key Considerations for Investors— que vale la pena resumir, porque no se limita a defender la clase de activo: explica por qué las reglas del juego cambiaron.
a) El desempeño diferenciado es de largo plazo, no de un ciclo. Según el análisis de Apollo sobre datos de Preqin, el private equity ha superado al public equity en 97 de 100 trimestres sobre base rolling de 10 años (índice de private equity de MSCI Private Capital Solutions vs. Russell 3000, ventanas de 5 y 10 años desde 2000 hasta 2024). Es un track record que atraviesa múltiples ciclos y regímenes de tasas.
b) El private equity no es una clase de activo monolítica. En bolsa, las distinciones fundamentales son capitalización y sector. En privados, lo que manda es tamaño del fondo, estrategia y foco sectorial. Y el dato clave: la dispersión de retornos en private equity es de casi 30%, frente a apenas 2% en public equity (PitchBook, TIR a 20 años de fondos vintage 2005-2019, a marzo de 2025). Traducido: en bolsa, elegir mal al gestor cuesta puntos; en privados, cuesta la tesis completa. La selección de gestor no es un detalle de implementación — es la decisión.
c) El régimen cambió. Entre 2010 y 2022, el 59% de los retornos de operaciones de buyout provino de apalancamiento y expansión de múltiplos (McKinsey, Global Private Markets Report 2026). Es decir, más de la mitad del retorno vino de vientos de cola —tasas a la baja, crédito abundante, múltiplos crecientes— que premiaban la participación más que la habilidad. Ese entorno se acabó. Con tasas estructuralmente más altas, el retorno hay que ganárselo.
d) La escala y la plataforma pesan más que antes. El middle market fue durante años sinónimo de retornos superiores, pero al congestionarse, las ventajas estructurales del segmento bajo se volvieron escasas. Apollo señala que el número de fondos de private equity lleva cuatro años consecutivos cayendo desde el pico de 2021, con una caída de ~23% en fondos de buyout en 2025 (Bain, Global Private Equity Report 2026): el capital se está concentrando en menos gestores y más grandes.
e) La creación de valor operativa pasa al centro. Con costos de financiamiento en el rango de 8-9% y múltiplos de entrada todavía elevados, la aritmética cambió: un buyout típico hoy requiere entre 10% y 12% de crecimiento de EBITDA para alcanzar el mismo ~2,5x de retorno que antes se lograba con ~5% (Bain, 2026). Duplicar la exigencia operativa no es un ajuste menor; es un filtro que separa gestores con equipos operativos reales de los que solo estructuran.
f) La sequía de DPI " Distributions to Paid-In capital "(distribuciones sobre capital aportado) obliga a repensar la liquidez. Los rendimientos de distribución cayeron y los períodos de tenencia se extendieron. La industria de private equity está sentada sobre aproximadamente US$3,8 billones en compañías de portafolio sin vender —más que el PIB del Reino Unido (Bain, 2026; el PIB británico de 2024 fue de US$3,69 billones según el Banco Mundial). La respuesta de la industria son los secondaries, los vehículos de continuación y las soluciones de liquidez estructurada. Para el inversor, la lectura práctica es distinta: el DPI —capital efectivamente devuelto— importa más que el NAV reportado.
Los riesgos (y cómo mitigarlos)
Ninguna asignación seria a mercados privados puede ignorar sus riesgos estructurales. Y conviene decirlo con claridad: en mayo de 2026, el Financial Stability Board publicó un informe sobre vulnerabilidades en el crédito privado que no es un documento promocional de nadie.
Sus hallazgos principales: los prestatarios de crédito privado tienen menor calidad crediticia y mayor apalancamiento que los comparables del mercado público; la mayoría carece de calificación pública, con dependencia creciente de calificaciones privadas de proveedores menos conocidos; existen estructuras opacas y multicapa que dificultan medir el apalancamiento real; la exposición bancaria directa ronda los US$220.000 millones en líneas de crédito giradas y no giradas (estimaciones comerciales llegan a US$270.000–500.000 millones); y las opciones de rescate en fondos semilíquidos pueden amplificar la prociclicidad en episodios de estrés.
Nada de esto invalida la tesis. Sí exige que la exposición se construya con los ojos abiertos.
Riesgo | Descripción | Cómo mitigarlo |
Iliquidez | El capital puede quedar comprometido 7–12 años en fondos tradicionales. El mercado secundario existe, pero suele operar con descuentos. | Vehículos evergreen o semilíquidos, combinación con secondaries, planificación del pacing de compromisos y reserva de liquidez adecuada a nivel de cartera total. |
Selección de gestor | La dispersión entre cuartil superior e inferior es de casi 30% (vs. 2% en bolsa). Es el riesgo dominante. | Due diligence rigurosa, acceso real a gestores top-tier, track record neto de comisiones, estabilidad del equipo y alineación de incentivos. |
Valoración | Las valoraciones no son diarias, se basan en modelos y pueden quedar desactualizadas u optimistas. El FSB señala además la opacidad de las calificaciones privadas. | Enfocarse en retornos realizados (DPI), no solo en NAV; diversificar por vintage; preferir gestores con políticas de valoración conservadoras y verificación independiente. |
Curva J y capital calls | Los primeros años suelen ser negativos por comisiones y despliegue lento. Los capital calls llegan en momentos inconvenientes. | Modelar flujos con realismo, evitar el sobrecompromiso y combinar fondos de drawdown con estructuras evergreen de despliegue inmediato. |
Crédito y default | En desaceleraciones aumentan los defaults, especialmente donde el apalancamiento del prestatario es alto. | Privilegiar posiciones senior secured, covenants sólidos, diversificación sectorial y gestores con capacidad probada de originación y monitoreo. |
Comisiones y complejidad | Estructuras tipo "2 y 20" más gastos adicionales erosionan el retorno neto. | Evaluar siempre el retorno neto; considerar co-inversiones (menores fees); negociar términos cuando el tamaño lo permita. |
Concentración y apalancamiento | Muchas compañías de portafolio están apalancadas, y los fondos pueden concentrarse en pocos sectores o geografías. | Diversificar por estrategia (PE, credit, infraestructura), sector, geografía y año de vintage. |
Riesgo sistémico / interconexión | Exposición bancaria significativa y estructuras opacas pueden amplificar el estrés (FSB, mayo 2026). | Dimensionar la asignación total, evitar la sobreexposición a un solo gestor o estrategia, y monitorear el uso de apalancamiento a nivel de fondo. |
El principio general: la iliquidez y la complejidad no se eliminan; se gestionan. Los inversores más exitosos en mercados privados no buscan evitar estos riesgos, sino dimensionarlos correctamente dentro de la cartera total, con horizonte de largo plazo y una selección de gestores de alta calidad.
Conclusión
Los mercados privados no son una moda. Son el reflejo de un cambio estructural en cómo se financia y crece la economía real: menos empresas cotizadas, más financiamiento no bancario, y una parte creciente de la creación de valor ocurriendo fuera de la bolsa.
Pero la conclusión importante de 2026 no es "hay que estar en privados". Es más exigente que eso. Con el 59% del retorno histórico de los buyouts explicado por vientos de cola que ya no soplan, con la exigencia de crecimiento operativo duplicada y con una dispersión de retornos de casi 30% entre gestores, la pregunta dejó de ser si asignar y pasó a ser con quién y cómo.
Para un portafolio diversificado, los mercados privados son posiblemente la vía más clara que queda para seguir elevando el retorno esperado. Pero es una vía que cobra peaje: iliquidez, complejidad, comisiones y una dependencia crítica de la calidad del gestor. Quien no pueda tolerar ese peaje no debería pagar el pasaje.
Como siempre, la asignación a mercados privados debe evaluarse dentro del contexto de la cartera completa, el horizonte temporal y la capacidad real —financiera y emocional— de tolerar iliquidez.
Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye asesoría de inversión, oferta o recomendación de compra o venta de valor alguno, ni considera los objetivos, la situación financiera o las necesidades particulares de ningún inversor. Las inversiones alternativas implican riesgos significativos, incluida la posible pérdida total del capital, son ilíquidas y adecuadas únicamente para inversores calificados con horizontes de largo plazo. El desempeño pasado no garantiza resultados futuros.
Fuentes
Apollo Global Management — Private Equity: Six Key Considerations for Investors (junio de 2026)
BlackRock — What Are Private Markets & How to Invest
BlackRock — 2026 Private Markets Outlook: A New Continuum
Morgan Stanley — Private Credit Outlook: Estimated $5 Trillion Market by 2029
Morgan Stanley Investment Management — Alts In Focus: 2026 Outlook — Private Credit
T. Rowe Price — Private Credit's Persistent Premium
Financial Stability Board — Report on Vulnerabilities in Private Credit (6 de mayo de 2026)
Bain & Company — Global Private Equity Report 2026 (vía Apollo)
McKinsey & Company — Global Private Markets Report 2026 (vía Apollo)
PitchBook, Preqin, MSCI Private Capital Solutions y Morningstar — datos de dispersión y desempeño comparado (vía Apollo)
Partners Group — Why invest in Private Markets
Brown Brothers Harriman — Investing in private markets




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